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Moniciones y Lecturas Natividad del Señor Misa de Nochebuena

Monición de entrada 

Una gran alegría nos llena esta noche porque  hoy nos ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Feliz Navidad, queridos hermanos y sean bienvenidos a esta Misa.

El templo en que nos reunimos está bellamente preparado, para contemplar cómo esta noche, la oscuridad se ve iluminada por una luz que irrumpe en las tinieblas y parte la historia en dos, para dar paso a la gran salvación prometida desde el Antiguo Testamento.

El niño Jesús que hoy nace en nuestros corazones, nos trae la paz y oramos para que esa paz reine en el mundo, especialmente aquellos lugares invadidos por la violencia.

Llenos de gozo, nos disponemos a celebrar juntos esta gran liturgia de Nochebuena, de pie, cantando jubilosos el canto de entrada…

Moniciones a las lecturas 

Opción 1: Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de esta noche nos introducen en el misterio de la Navidad. El recorrido se inicia con el profeta Isaías, que anuncia jubiloso el fin de la dominación enemiga gracias al nacimiento del “príncipe de la paz”. La segunda lectura proclama esperanzada una salvación universal y señala a Jesús como aquel que ha venido a mostrarnos el camino del bien. Por último, el evangelio según san Lucas narra en clave teológica el nacimiento del salvador esperado, del príncipe de la paz anunciado. Acojamos esta palabra en nuestros corazones. 

Opción 2: Moniciones para cada lectura 

Monición a la primera lectura (Isaías 9, 1-3. 5-6)

 Escucharemos a continuación el relato del profeta Isaías, que nos trae esa buena noticia del Príncipe de la paz, la luz que iluminó las tinieblas y nos liberó de la opresión del pecado, para instaurar entre nosotros un nuevo reino, un reino de justicia y derecho.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;

habitaban tierras de sombras,
y una luz les brilló.

Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:

se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,

como se alegran
al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor,
el yugo de su carga,

el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.

Porque la bota que pisa con estrépito
y la túnica empapada de sangre

serán combustible, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido,

un hijo se nos ha dado:
lleva al hombro el principado,

y es su nombre:
Maravilla de Consejero,

Dios guerrero,
Padre perpetuo,

Príncipe de la paz.
Para dilatar el principado

con una paz sin límites,
sobre el trono de David

y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo

con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.

El celo del Señor lo realizará.

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 95)

El salmo 95 prolonga la alegría del anuncio de la primera lectura con un canto de victoria, al que la antífona da un claro color cristiano: «hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor».

Salmo responsorial: Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13 (R.: Lc 2, 11)

R. Hoy nos ha nacido un Salvador:
el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.

Monición a la segunda lectura (Tito 2, 11-14)

San Pablo, en la carta a su discípulo Tito, a quien había encomendado la comunidad de Creta,  habla de dos «apariciones», la que ya sucedió, al encarnarse Cristo Jesús en nuestra historia, y la que esperamos al final de los tiempos. Para el tiempo intermedio entre esas dos apariciones, San Pablo nos da unas consignas para la conducta de los cristianos.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio (Lucas 2, 1-14)

Escucharemos del evangelio de San Lucas un relato que nos describe la forma humilde y sencilla en que el Rey de Reyes y Señor de Señores nace en Belén. Un gran acontecimiento por el que cielos y tierra bendicen y alaban a Dios, como nosotros lo hacemos esta noche.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.

Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:

—«No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

—«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

En esta noche gloriosa, en que el mundo entero se desborda de alegría, con mucha fe y esperanza dirigimos nuestras oraciones a Dios Padre todopoderoso, que nos ha enviado a su único Hijo.

Responderemos a cada petición: «Recuérdanos, Padre, la gloriosa venida de Jesús.»

  1. Por la Iglesia: para que, contemplando cada día el misterio del Verbo presente en la historia, sea cada vez más el lugar donde el hombre pueda encontrar, como ante la gruta de Belén, la belleza de Dios. Oremos.
  2. Por los que gobiernan el mundo y rigen los destinos de las naciones, especialmente por los de nuestro país, para que se dejen invadir por la paz del niño que nace y busquen restablecer la armonía y la paz en nuestra sociedad. Oremos.
  3. Por los más necesitados, especialmente los que viven en tinieblas, oprimidos por el pecado, para que la luz de Cristo ilumine sus vidas y contemplen la salvación. Oremos.
  4. Por los que esta noche nos hemos congregado en torno al altar de Dios, para que realmente Cristo nazca en nuestros corazones y hagamos de nuestra vida un altar para Jesús. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Las ofrendas de pan y vino, que hoy llevamos al altar, harán posible que Cristo se haga presente y podamos comulgar su cuerpo y su sangre.

Que la ofrenda económica sea también muy generosa para que en ninguna mesa falte el pan.

Comunión

Cristo se ha hecho presente al mundo desde el portal de Belén. Hoy está entre nosotros en el pan y el vino. Acerquémonos a recibirle con mucha fe, cantando.

Final

Ahora que somos testigos del nacimiento del Niño Jesús, vayamos a compartir esa alegría con el mundo, especialmente con aquellos familiares nuestros que aún no han contemplado su gloria. Convirtámonos en mensajeros de paz, armonía y felicidad. Vayamos felices a cumplir esa misión.

Feliz navidad para todos!

Cristomanía Católicahttps://cristomaniacatolica.com
Redacción Central de Cristomanía Católica

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