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Moniciones y Lecturas II Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Color: Verde / Salterio: Semana II

Monición de entrada

Queridos hermanos: acabamos de salir de las fiestas navideñas y entramos en el Tiempo Ordinario (hoy en su II domingo), la vida «normal» también en el ámbito cristiano. 

Hoy todavía no iniciamos la lectura de Marcos. Cada año en este segundo domingo escuchamos el evangelio de Juan en unas páginas que vienen a ser como una prolongación de las «manifestaciones» del tiempo de Navidad y Epifanía.

Atentos y muy dispuestos, comencemos esta celebración. De pie, cantamos…

Moniciones a las lecturas

Opción 1: Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de este domingo podrían resumirse en dos palabras: llamada y seguimiento. Dios llama a Samuel y Jesús a sus discípulos. En ambos casos aparece un personaje que indica la identidad del que llama: Elí sabe que se trata de Dios y Juan Bautista indica quién es Jesús. El salmo y Pablo dan pistas de por dónde ha de ir la respuesta a esa llamada: el ofrecimiento de la propia vida. Dispongamos nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar esta Palabra.

Opción 2: Moniciones para cada lectura

Monición a la primera lectura (1 Samuel 3, 3b-10. 19)

Samuel había sido dedicado por sus padres, Ana y Elcaná, al servicio del templo. Hoy, a su corta edad, y dentro del contexto vocacional de este domingo, escucharemos la elección de Samuel para una gran misión.

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:

—«Aquí estoy».

Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:

—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

Respondió Elí:

—«No te he llamado; vuelve a acostarte».

Samuel volvió a acostarse.

Volvió a llamar el Señor a Samuel.

Él se levantó y fue donde estaba Elí y le dijo:

—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

Respondió Elí:

—«No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte».

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue donde estaba Elí y le dijo:

—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:

—«Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»».

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:

—«¡Samuel, Samuel!».

Él respondió:

—«Habla que tu siervo te escucha».

Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 39)

 El salmo 39 refleja la disposición que ha de tener uno que es llamado por Dios. Como una disposición personal al llamado de Dios a cada uno de nosotros, responderemos:

Salmo responsorial: Salmo 39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.  R. 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio.  R. 

Entonces yo digo: «Aquí estoy
— como está escrito en mi libro—
para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.  R. 

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios;
Señor, tú lo sabes.  R. 

Monición a la segunda lectura (1 Corintios 6, 13c-15a. 17-20)

A partir de hoy, y durante cinco domingos, escuchamos una selección de la primera carta de San Pablo a los cristianos de Corinto.
El pasaje que hoy escucharemos nos ofrece el pensamiento de Pablo sobre el cuerpo humano.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.

Dios con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.

No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.

Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio (Juan 1, 35-42)

Escucharemos a continuación el testimonio que Juan da sobre Jesús; testimonio que provoca también el llamado a otros más para seguir al Mesías.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

—«Éste es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

—«¿Qué buscáis?».

Ellos le contestaron:

—«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo:

—«Venid y lo veréis».

Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

—«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

—«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Sabiendo que el Cordero de Dios escucha nuestras súplicas, dirijámosle con humildad nuestras oraciones diciendo todos: «Muéstranos, Señor, tu misericordia»

  1. Por el pueblo Santo de Dios, para que manifieste la fidelidad al mensaje evangélico viviendo el amor hacia los enemigos y la solidaridad con todos. Oremos.
  2. Por los pueblos de la tierra, para que la acción del Espíritu Santo suscite apóstoles como Pablo, que lleven a toda lengua y cultura el anuncio del Evangelio. Oremos.
  3. Por los enfermos y los que sufren, que esperan el apoyo de una mano amiga, para que encuentren en la Iglesia y sus miembros un gesto de solidaridad humana y cristiana. Oremos.
  4. Por todos nosotros y nuestra asamblea, para que la llamada del Señor resuene profundamente en nuestro espíritu y respondamos con una sincera conversión. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Con el pan y el vino, ofrezcamos ahora también nuestra vida al servicio de Dios en su Iglesia.

Comunión 

«Éste es el Cordero de Dios», nos ha dicho Juan, presentándonos a Jesús. Acerquémonos ahora a recibir al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cantemos…

Final

Con el salmo 39 hemos hecho hoy un compromiso: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Dispuestos a cumplirlo en nuestro quehacer cotidiano, nos retiramos a nuestros hogares.

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Redacción Central de Cristomanía Católica

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