Monición de entrada
Queridos hermanos, tengan todos muy buenos días. Les damos la más cordial bienvenida a la casa de Dios para la celebración eucarística de hoy, viernes de la decimosegunda semana del tiempo ordinario.
Para Dios nada es imposible. La liturgia de hoy nos llena de optimismo, pues al que pone su confianza en Dios, Él no lo deja desamparado.
Abandonémonos en la providencia divina y comencemos esta misa con el canto de entrada. De pie y cantemos todos.
->Haz clic aquí para unirte a nuestro Canal de Liturgia en Telegram
Para continuar brindándote este servicio, solicitamos tu aporte económico voluntario, que Dios bendecirá. Ayúdanos a través de Paypal: Donar
También te puede interesar:
- Moniciones para todos los días del ciclo A (2025-2026)
- ¿Qué son las moniciones en las celebraciones litúrgicas?
- La Oración Universal (Oración de los Fieles)
- Taller para lectores o proclamadores de la Palabra
- Cuál es el color y tamaño adecuado para el mantel del altar?
Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (2 Reyes 25, 1-12)
Escucharemos a continuación, la lectura de la página más negra de la historia del pueblo elegido: el fin del reino de Judá, como antes había sucedido con el del reino de Samaría.
PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Reyes 25, 1-12
El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor.
La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto.
El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población.
Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa.
El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo.
Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó.
A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecías lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.
El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia.
Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios.
El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén.
Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe.
De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo)
El salmo de hoy no podía ser otro que el 136, un salmo que surgió hacia al final del destierro (un poco antes de que el rey Ciro abriera el camino para que volvieran a Jerusalén los israelitas). Unámonos al salmista diciendo todos:
Salmo responsorial: Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6
R. Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti.
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión». R.
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R.
Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R.
Monición al Evangelio (Mateo 8, 1-4)
Terminada la lectura del sermón del monte, ahora, con el octavo capítulo de san Mateo, iniciamos una serie de diez hechos milagrosos con los que Jesús corroboró su doctrina y mostró la cercanía del Reino de Dios. Hoy toca el turno al leproso.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 1-4
En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:
—«Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Extendió la mano y lo tocó, diciendo:
—«Quiero, queda limpio».
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo:
—«No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: El Señor, que ha cargado sobre si nuestro pecado, siempre viene a nuestro encuentro para curarnos. Dirijámonos confiados a Él y digamos:
Purifícanos, Señor.
- Por la Iglesia: que anuncie la salvación que el Señor ha venido a traer y lo haga socorriendo al hombre de hoy en todas las formas de lepra que caracterizan la sociedad actual. Oremos.
- Por aquellos a quienes les ha sido confiada la tarea de la predicación, que no busquen el aprecio y el éxito personal, sino que pongan siempre en el centro a Aquel que anuncian y su Evangelio de salvación. Oremos.
- Por las parejas de prometidos: que al proyectar su futuro juntos no excluyan a Dios, sino que se dejen guiar por Él y aprendan a donarse recíprocamente para siempre. Oremos.
- Por los que asisten a las personas gravemente enfermas que el contacto con el dolor y el sufrimiento no los lleve a perder la esperanza o a obrar con cinismo, sino que, sostenidos por el Espíritu infundan consuelo con palabras de vida. Oremos.
- Por los que han perdido la alegría de vivir, los que siguen castigándose por los errores cometidos y experimentan la debilidad de la creatura: que encuentren de nuevo la paz de quien se ha dejado tocar y alcanzar por la misericordia y el perdón de Dios. Oremos.
Presidente: Padre, rico en misericordia, haz que nuestra enfermedad no nos paralice, sino que nos empuje a pedirte que nos cures, para así poder alabar la obra de tu misericordia. Por Cristo nuestro Señor. -Amén.
Presentación de las Ofrendas
Dichosos de seguir los caminos del Señor, presentamos al altar nuestras ofrendas de pan y vino.
Comunión.
Jesús, que sana nuestras enfermedades, nos regala también la vida eterna al comer su cuerpo y beber su sangre. Acerquémonos a recibirle.
Final
Queridos hermanos, que la participación en esta eucaristía nos haga cristianos más auténticos. Les esperamos mañana en este mismo lugar.
->Haz clic aquí para unirte a nuestro Canal de Liturgia en Telegram
Para continuar brindándote este servicio, solicitamos tu aporte económico voluntario, que Dios bendecirá. Ayúdanos a través de Paypal: Donar
También te puede interesar:
- Moniciones para todos los días del ciclo A (2025-2026)
- ¿Qué son las moniciones en las celebraciones litúrgicas?
- La Oración Universal (Oración de los Fieles)
- Taller para lectores o proclamadores de la Palabra
- Cuál es el color y tamaño adecuado para el mantel del altar?
Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 4, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia; Farnés Sherer, Pedro, Moniciones y Oraciones Sálmicas, Ed. Regina, Mallorca, 1978.





