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La Oración de los Fieles u Oración Universal: Origen, características, estructura y contenido

La oración de los fieles

La Oración de los Fieles es también conocida como «Oración Universal» y «Oración Común», y con ella se concluye la liturgia de la palabra en la actual estructura de la eucaristía romana. Se hace inmediatamente después de terminar la homilía.

En esta oración, el pueblo responde en cierto modo a la Palabra de Dios recibida en la fe y, ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por todos los hombres. 1 Después de hablar de Dios a los hombres, se habla de los hombres a Dios.

Es una súplica o intercesión dirigida a Dios por la asamblea como tal, luego de la invitación del ministro, en la que se pide por las necesidades de la Iglesia y del mundo.

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Origen

Aunque había quedado en el olvido en la liturgia romana desde el siglo VI, esta oración estuvo profundamente arraigada en las liturgias cristianas, tanto orientales como occidentales, desde los primeros siglos. Se restableció a partir del Concilio Vaticano II.

Su existencia está abundantemente testimoniada en la antigüedad cristiana de los cinco primeros siglos. De hecho, es San Pablo quien pide a su fiel colaborador Timoteo que se eleven oraciones a Dios: «Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.» 2

Aunque no haya que ver en este texto de San Pablo una alusión expresa a la «oración de los fieles», sí que puede descubrirse ya en él el espíritu que anima esa oración.

Del siglo II, hay un testimonio de San Justino mártir, quien afirma que en la Misa del Día del Señor (dominical), después de terminada la predicación u homilía (el Credo todavía no había sido introducido en la Eucaristía), el pueblo elevaba sus plegarias a Dios: «Nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces y éstas terminadas, como dijimos, se ofrece pan y vino.» 3

«Después del de san Justino, los testimonios acerca de la oración de los fíeles se multiplican. Suele citarse, entre otros, a Tertuliano, a san Cipriano, a san Agustín y, sobre todo a Hipólito de Roma, en su obra la Tradición Apostólica, de comienzos del siglo III, donde corrobora la información de san Justino acerca de la oración común, de la que participan los recién bautizados y a la que sigue el ósculo de la paz. Tertuliano llama a ese
beso de la paz el sello de la oración». 4

La Oración de los fieles a partir del Concilio Vaticano II

Desaparecida la Oración de los Fieles desde el siglo VI, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, ordenó su restablecimiento:

«Restablézcase la «oración común» o de los fieles después del Evangelio y la homilía, principalmente los domingos y fiestas de precepto, para que con la participación del pueblo se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero» (SC 53).

La orden «restablézcase», deja clara la intención de la Iglesia de no establecer elementos nuevos, sino recuperar la Oración de los Fieles tal como se hacia en los primero siglos. Una oración de súplica universal, que no queda reducida a las necesidades particulares de los presentes, sino que está abierta a las necesidades de la Iglesia y de la humanidad: una verdadera plegaria de intercesión universal.

La orden es clara: es una Oración común o de los fieles… con la participación del pueblo. La Oración de los fieles es oración del pueblo santo de Dios. Es una «oración común» en la que la asamblea toda se une en una misma súplica (cantada, rezada, o silenciosa). Esto no significa que todos los fieles deben elevar cada uno su petición, sino que toda la asamblea se une, haciendo suyas las oraciones que el lector (monitor) hace en voz alta en representación de toda la comunidad. No hay que confundir «participación» con «intervención». Hay parroquias en las que comienzan los que están en la primera banca a hacer sus «peticiones» en voz alta y no terminan de «intervenir» hasta que se ha unido el grupo de la última banca. Una mala interpretación de la «participación» del pueblo de Dios en la oración universal.

El nombre de esta oración

Esta oración de intercesión ha recibido varios nombres: Oración universal, Oración común, Oración de los fieles.

La «Oración de los fieles» hace referencia al momento justo después de la homilía, en que antiguamente se despedía a los catecúmenos (no bautizados) y quedaban solo los «fieles» (bautizados) para la eucaristía. Los fieles eran todos los bautizados (clérigos y laicos).

Hipólito de Roma lo testifica: «Enseguida (terminado el bautismo y la confirmación) los nuevos cristianos rezan juntos con todo el pueblo, pues ellos (los catecúmenos) no rezan
jamás con los fieles antes de haber recibido estos sacramentos».5

Al no hacerse ya el gesto de despedir a los no bautizados, esta oración tiende a reconocerse como «Oración Común de los Fieles». O mejor todavía: «Oración Universal» u «Oración de los Fieles.»

Contenido y estructura de la Oración de los Fieles

Quizá una de las mayores deficiencias en la celebración litúrgica es la estructura inadecuada de las plegarias que se elevan a Dios en este momento de la Santa Misa. No se respeta el orden ni la «universalidad» propia de esta oración.

El Catecismo de la Iglesia (n.70) nos establece claramente el orden y qué pedir en cada una de las oraciones:

Las serie de intenciones de ordinario será:

a) Por las necesidades de la Iglesia:

Aquí se puede hacer una petición por el Papa, obispos y sacerdotes; también por la unidad de los cristianos; así como una por las vocaciones sacerdotales y religiosas…

Ejemplos:

– Por el Papa, obispos y sacerdotes, para que nunca les falta la fuerza del Espíritu Santo en el cumplimiento de su misión en la Iglesia. Oremos.

– Por la Iglesia, pueblo santo de Dios, para que siga extendiéndose en el mundo y difundiendo el mensaje de salvación a todos los rincones de la tierra. Roguemos al Señor.

b) Por los que gobiernan y por la salvación del mundo:

Oramos aquí por los que gobiernan el estado o por la salvación del mundo: la paz, los
gobernantes, los problemas sociales y económicos…

Ejemplos:

– Por los gobernantes de las naciones, para que siempre busquen servir antes de ser servidos. Oremos.

– Por los pueblos que viven en conflictos, para que busquen la paz a través del diálogo y la reconciliación. Oremos.

c) Por los que sufren por cualquier dificultad:

Elevamos a Dios aquí una plegaria por los pobres, los perseguidos, los enfermos, los desamparados, los que están sin empleo… en fin, por todos los necesitados.

Ejemplo:

– Por todos los que padecen necesidad en el mundo, especialmente los desempleados, para que se abran puertas que les brinden la oportunidad de ganarse honradamente el pan de cada día. Oremos.

d) Por la comunidad local.

Oramos por la comunidad local, la reunida en torno al altar de Dios, por sus necesidades, sus circunstancias, sus iniciativas…

Ejemplo:

– Por esta comunidad que hoy se reúne en torno al altar de Dios, para que la Palabra escuchada transforme sus corazones y dé signos de una verdadera conversión. Oremos.

Y la misma Instrucción General del Misal Romano hace una aclaración en el numeral 70: «Sin embargo, en alguna celebración particular, como la Confirmación, el Matrimonio o las Exequias, el orden de las intenciones puede tener en cuenta más expresamente la ocasión particular.»

Aunque son cuatro áreas que se cubren con estas peticiones, no necesariamente ese tiene que ser el número exacto para cada misa. Pueden perfectamente ser 5, 6… Pero la que se sume debe girar en torno a las cuatro peticiones principales que sugiere la Instrucción General del Misal Romano. Por ejemplo, al orar por las necesidades de la Iglesia, puede hacerse una petición por el papa, obispos y sacerdotes, y una segunda por la Iglesia. Para muestra aquí tienes 2 peticiones por la Iglesia:

– Por nuestra Santa Iglesia siga acogiendo con amor en su seno a todos los hombres del mundo. Oremos

– Por el Papa, obispos y sacerdotes, para que, fortalecidos con el Espíritu Santo, puedan dar testimonio firme de su fe en Jesús aún en los momentos más difíciles de la historia. Oremos.

Ambas son por la Iglesia, una por sus ministros y otra por la Iglesia propiamente dicho.

Solo que si se agrega una más sobre la Iglesia, tiene que ir una a continuación de la otra; no colocar la primera por la Iglesia y al final, después de pedir por la comunidad local, agregar la de los ministros de la Iglesia.

También se puede, en la segunda petición, pedir primero por los gobernantes y luego otra por la paz. Por ejemplo:

– Por los que ocupan algún cargo en el gobierno de las naciones, para que busquen siempre el bienestar de los pueblos, especialmente de los más desprotegidos de nuestra sociedad. Oremos.

– Por la paz en el mundo, para que cesen los conflictos, se silencien las armas y surja la armonía entre las naciones

¿Quiénes participan?

  1. El que preside: hace la introducción (la inicia)
  2. Diácono, cantor, lector o monitor: propone las intenciones dirigidas a los presentes.
  3. El pueblo: hace su oración en una respuesta cantada o rezada, dirigida a Dios.
  4. El que presida: hace la conclusión, dirigida a Dios.

Características de la Oración de los Fieles

  • Es una súplica dirigida a Dios: no se queda en la alabanza, adoración o acción de gracias, sino que pasa a la «petición» o «súplica».
  • No se dirige a la Virgen ni a los santos. Aunque sea una festividad mariana o la fiesta patronal, fiesta o solemnidad de algún santo, las peticiones «nunca» van dirigidas a ninguno de ellos, sino a Dios. Lo que se puede es pedir a Dios por intercesión de la Virgen o algún santo. Por ejemplo, para la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el 1 de enero de cada año, puede hacerse una petición así: «Por las mujeres que no pueden tener hijos, para que, por intercesión de María Santísima, reciban consuelo y un corazón abierto a la acogida y aprendan a ser madres en el espíritu para aquellos que no son amados. Roguemos al Señor».
    También en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción puede hacerse una petición así: «Por los que sufren en el cuerpo y el espíritu, para que se sientan reconfortados por la presencia materna de la Virgen María, y se entreguen con todo el corazón a Dios, para quien nada es imposible. Roguemos al Señor.
    En ambos casos, la súplica va dirigida siempre a Dios, no a la Santísima Virgen María.
  • No es una exposición de verdades de fe o de otros temas, ni un noticiero. A veces suelen escucharse peticiones que más parecen continuación de la homilía o información de lo último que ha acontecido en la comunidad.
  • Pide principalmente beneficios universales: por toda la Iglesia, por el mundo, por todos los necesitados, aunque en la última petición, se pide por los congregados en la asamblea.
  • Las peticiones se expresan dirigiéndose a los presentes, pues la asamblea es la que reza y no se limita a responder a las peticiones.
  • Compete al sacerdote celebrante dirigir esta oración desde la sede. Él la introduce con una breve monición con la que invita a los fieles a unirse a la oración, y la termina con la oración conclusiva.
  • Las intenciones que se proponen deben ser sobrias, compuestas con sabia libertad y pocas palabras. Deen expresar la súplica de toda la comunidad y proferidas, normalmente, desde el ambón u otro lugar adecuado, por el diácono, un cantor, un lector, el monitor o un laico.
  • El pueblo, de pie, expresa su súplica con una invocación común después de cada petición. Esa invocación debe ser dada a conocer por el que preside, en la introducción, o por quien las expresa (diácono o lector).

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Referencias Bibliográficas

1. Cf. Ordenación General del Misal Romano 65

2. San Justino, Apol, 67: Padres Apologistas, BAC 116

3. 1 Tm 2, 1-2

4. Expósito Lastra, Miguel, Conocer y Celebrar la Eucaristía, Centre de Pastoral
Litúrgica, Barcelona, 2001

5. Hipólito de Roma, Tradición Apostólica, ed. Botte, 21, o. 55

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