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Moniciones y Lecturas 10 de octubre de 2021, XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Color: Verde / Salterio: Semana IV

Monición de entrada

Queridos hermanos, en el día del Señor nos reunimos para celebrar la Santa Misa, en el vigésimo octavo domingo del Tiempo Ordinario. Sean todos bienvenidos.

Las valoraciones humanas de una persona dan a veces más importancia a lo que tiene o puede que a lo que es. La liturgia de este domingo enseña otros criterios.
Apartando todo obstáculo en el seguimiento de Cristo, comencemos la celebración de estos misterios cantando juntos. De pie por favor…

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Moniciones a las lecturas

Opción 1: Monición única para todas las lecturas 

En la primera lectura, el autor hace un elogio de la sabiduría valorándola por encima de todos los bienes de la tierra. También el evangelio propone el máximo bien al que puede aspirar el ser humano: la vida eterna. El que quiera alcanzarla descubre que merece la pena dejarlo todo y seguir los pasos de Jesús.

La Palabra de Dios es viva y eficaz, leemos en el pasaje de la carta a los Hebreos. A ella nos abrimos, pidiéndole al Señor que penetre en lo más profundo de nuestra vida, y escuchándola atentamente.

Opción 2: Moniciones para cada lectura

Monición a la primera lectura (Sabiduría 7, 7-11)  

El libro de la Sabiduría, escrito el siglo anterior a Cristo en Alejandría, nos ofrece hoy un himno en alabanza de la sabiduría, atribuido al joven rey Salomón, que pidió a Dios que le concediera sobre todo sensatez para gobernar.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.

No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.

La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Con ella me vieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 89) 

También el salmista aprecia la sensatez como don de Dios. Hagámoslo nosotros también respondiendo juntos:

Salmo responsorial: Salmo 89, 12-13.14-15. 16-17

R. Sácianos de tu misericordia, Señor.
Y toda nuestra vida será alegría.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prosperas la obras de nuestras manos. R.

Monición a la Segunda lectura (Hebreos 4, 12-13)

Mediante comparaciones, el breve texto de la Carta a los hebreos, que leemos hoy, expresa con mayor brevedad y certeza, una definición de la Palabra de Dios.

Dejemos que esta palabra que vamos a escuchar atentos,  penetre nuestros corazones.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón.

No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio (Marcos 10, 17-30)

En la página del Evangelio de hoy se agrupan varias enseñanzas sobre la riqueza y el seguimiento de Jesús.

Cantemos primero el aleluya, como preparación para la escucha de este relato.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

—«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».

Jesús le contestó:

—«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».

Él replico:

—«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño».

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

—«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme».

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

—«¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!».

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

—«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».

Ellos se espantaron y comentaban:

—«Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedo mirando y les dijo:

—«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Pedro se puso a decirle:

—«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:

«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura, vida eterna».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Elevemos, hermanos, nuestra plegaria al Señor, quien nos llama cada día para que lo sigamos con fe, y digámosle: «Llénanos de tu sabiduría, Señor».

  1. Por el Papa Francisco, para que Dios le dé su espíritu de sabiduría y así pueda fortalecer a la Iglesia en el amor y en la unidad. Oremos
  2. Por los gobernantes de las naciones, para que tengan un corazón abierto al soplo del Espíritu Santo y gobiernen sabia y rectamente a nuestros pueblos. Oremos.
  3. Para que en los marginados por la sociedad, a causa de su escasa preparación académica, brille la sabiduría de Dios. Oremos.
  4. Por nosotros, aquí reunidos, para que no caigamos en la tentación de bastarnos a nosotros mismos y nos fiemos de la Palabra de Cristo. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Con las ofrendas de pan y vino, ofrezcamos también a Dios nuestro desprendimiento de todas aquellas cosas que nos impiden seguirle. Cantemos todos.

Comunión

En nuestra búsqueda de la vida eterna, Jesús se nos ofrece como el Pan que nos la da gratuitamente. Acerquémonos con devoción a recibirle. Cantamos…

Final

Damos gracias a Dios por habernos podido reunir hoy y celebrar juntos esta Santa Misa. Nos retiramos a nuestros hogares con el firme propósito de seguir fielmente los pasos de Jesús, apartando de nuestra vida todo aquellos que nos sirve de obstáculo para su seguimiento. Así nos esperamos encontrar nuevamente el próximo domingo en este mismo lugar.

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Redacción Central de Cristomanía Católica

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