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Moniciones y Lecturas Santa María Magdalena, 22 de julio

Monición de entrada

La primera persona a quien se apareció Jesús Resucitado fue una mujer: María Magdalena. Es el rasgo que más caracteriza a la santa que hoy recordamos.

Pertenecía al grupo de mujeres que seguían a Jesús, después de haber sido liberada
por éste de sus males (siete demonios), a la que luego vemos al pie de la cruz y que, como leemos hoy, es la primera que tiene la dicha de ver al Resucitado.

Con la esperanza de poder un día también nosotros contemplar, en el cielo, la gloria del Resucitado, comencemos esta Santa Misa. De pie, cantemos

Moniciones a las lecturas 

Monición a la primera lectura (Cantar de los Cantares 3, 1-4) 

En la primera lectura leemos una página del Libro del Amor, el «Cantar de los
Cantares», precisamente en el día en que celebramos a esta mujer que se sintió tocada en lo más profundo de su ser por el Maestro y que tanto le amó.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Cantar de los cantares 3, 1-4a

Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré.

Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad:

-«¿Visteis al amor de mi alma?».

Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma».

Palabra de Dios.

O bien:

Monición a la primera lectura (2 Corintios 5, 14-17) 

Un rasgo característico de grandes santos, como María Magdalena, es que ya no viven para sí, sino para Cristo, convirtiéndose en una criatura nueva. Ese es un llamado que Pablo nos hace en la lectura que escucharemos a continuación.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.

Por tanto, no valoramos a nadie según la carne.

Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no.

El que es de Cristo es una criatura nueva.

Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 62)

El salmo 62 expresa el ansia y búsqueda de Dios; refleja muy bien la búsqueda de Magdalena y debería ser un retrato de nuestra apertura a Dios. Manifestemos esa apertura diciendo todos:

Salmo responsorial: Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)

R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus, alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.

Monición al Evangelio (Juan 20, 1. 11-18)

El evangelio narra de un modo delicioso el encuentro de María Magdalena con Jesús Resucitado. Esta mujer que había sido curada por Jesús y le siguió, incluso, al pie de la Cruz, ahora va a ser testigo de su primera aparición.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

—«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella les contesta:

—«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

—«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

—«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

—«¡María!».

Ella se vuelve y le dice:

—«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

—«Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»».

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

—«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Con el mismo amor que ha empujado a Santa María Magdalena al sepulcro, elevemos a Dios nuestras oraciones. Hagámoslo diciendo: Concédenos un corazón que siempre te busque.

  1. Por la santa Iglesia: para que sea dócil al soplo del Espíritu, esté abierta a las exigencias de los tiempos y sea incansable, como la Magdalena, en la búsqueda del Señor por los caminos de la historia. Oremos.
  2. Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que no pierdan la alegría cotidiana del encuentro con el Resucitado, fuerza que los guía en sus tareas pastorales y en la diligencia para con el pueblo que ha sido confiado a sus cuidados. Oremos.
  3. Por las mujeres consagradas, las monjas de clausura, las misioneras, todas mujeres que siguen al Señor. Que sean siempre testimonio de la belleza del Evangelio a través de su sensibilidad, de la ternura y fecundidad del encuentro con Cristo. Oremos.
  4. Por los que viven en la desesperanza por la muerte de un ser querido, que el Señor resucitado salga a su encuentro como con María Magdalena, iluminando con la fuerza de la fe el miedo a la muerte y todo sufrimiento humano. Oremos.
  5. Por todos nosotros, para que Dios nos conceda cada día la experiencia del encuentro con Jesús resucitado. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Llevemos ahora nuestras ofrendas de Pan y Vino al altar. Con ellas ofrendemos nuestra vida para que Cristo la transforme y nos haga una criatura nueva.

Comunión

Cristo glorioso se le apareció a María Magdalena. Hoy se hace presente con su Cuerpo y su Sangre y nosotros podemos recibirle. Acerquémonos a comulgar.

Final

Igual que a la Magdalena, el encuentro con el Resucitado nos impulsa hoy a la misión de testigos. A ella se le dice que no tiene que quedarse allí: no puede «retener» para sí al que acaba de encontrar, sino que tiene que ir a anunciar la buena noticia a los demás.

Al terminar la misa y volver a nuestros hogares, llevamos esa misión de ser testigos y anunciar la Buena Nueva de salvación a aquellos que la necesitan.

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Redacción Central de Cristomanía Católica

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