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Moniciones y Lecturas jueves 25 de enero de 2024: Fiesta de la Conversión de San Pablo

Monición de entrada

Queridos hermanos, sean bienvenidos a la celebración eucarística de hoy, en la que celebramos la Fiesta de la conversión de San Pablo.

Aunque normalmente lo que celebramos de un santo es su muerte o su nacimiento, de San Pablo celebramos hoy su conversión, su encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, cuando debía contar unos treinta años. El episodio se nos narra tres veces en el libro de los Hechos: en los capítulos 9, 22 y 26. Se ve que la primera comunidad lo consideraba de suma importancia, como origen de la apertura misionera del cristianismo.

Los recibimos a todos ustedes con mucha alegría en esta celebración, y la comenzamos, de pie, cantando juntos…

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Moniciones a las lecturas

Monición a la primera lectura (Hechos de los apóstoles 22, 3-16)

De labios del mismo Pablo escucharemos ahora el testimonio de su conversión: su propósito de perseguir a los cristianos, la experiencia del encuentro misterioso con el Señor resucitado, la acogida que recibió en la comunidad de Damasco y la misión que se le confió. Escuchemos con atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 22, 3-16

En aquellos días, dijo Pablo al pueblo:

—«Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como vosotros mostráis ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo en la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase, para que los castigaran.

Pero en el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía:

«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».

Yo pregunté:

«¿Quién eres, Señor?».

Me respondió:

«Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues».

Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz.

Yo pregunté:

«¿Qué debo hacer, Señor?». El Señor me respondió:

«Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer».

Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco.

Un cierto Ananías, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo:

«Saulo, hermano, recobra la vista».

Inmediatamente recobré la vista y lo vi.

Él me dijo:

«El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados»».

Palabra de Dios.

O bien:

Monición a la primera lectura (Hechos de los apóstoles 9, 1-22)

De la conversión de San Pablo, Lucas recoge algunos datos importantes que nos cuenta hoy: el propósito de Pablo al perseguir a los cristianos, la experiencia del encuentro misterioso con el Señor resucitado, la acogida que recibió en la comunidad de Damasco y la misión que se le confió. Escuchemos con atención. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 1-22

En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.

En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:

—«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».

Preguntó él:

—«¿Quién eres, Señor?».

Respondió la voz:

—«Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer».

Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:

—«Ananías».

Respondió él:

—«Aquí estoy, Señor».

El Señor le dijo:

—«Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».

Ananías contestó:

—«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».

El Señor le dijo:

—«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre».

Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:

—«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo».

Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas.

Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. Los oyentes quedaban pasmados y comentaban:

—«¿No es éste el que se ensañaba en Jerusalén contra los que invocan ese nombre? Y, ¿no había venido aquí precisamente para llevárselos detenidos a los sumos sacerdotes?».

Pero Pablo se crecía y tenía confundidos a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 116)

Con el salmo 116, nosotros hacemos nuestra la misión evangelizadora repitiendo todos: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Salmo responsorial: Salmo 116, 1. 2

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

Monición al Evangelio (Marcos 16, 15-18)

En el final de su evangelio, Marcos nos transmite la gran consigna de Jesús: la evangelización a todo el mundo y hasta el final de los tiempos. Consigna muy oportuna cuando estamos celebrando la vocación de un apóstol tan admirable como Pablo, quien hizo suya esa misión, y la cumplió.

EVANGELIO

cruz  Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 15-18

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Confiándonos en la intercesión del Apóstol de los gentiles, digamos todos:

«Conviértenos a tu verdad, Señor»

  1. Por el papa, los sacerdotes y diáconos, por todos los consagrados: que la Fuerza del Espíritu Santo alimente su fe, los llene con una caridad solícita hacia cada hombre y los haga, con la palabra y con su vida, testigos alegres y gratos de Cristo. Oremos.
  2. A la intercesión de San Pablo, que se dejó tocar por el Señor y entregó su vida por el Evangelio, confiemos nuestros gobernantes: que se dejen conmover por los problemas y necesidades de cada hombre y, dejando de lado sus intereses egoístas, se conviertan al verdadero bien y se pongan a sí mismos y sus capacidades al servicio del bien común. Oremos.
  3. Por los más necesitados, especialmente aquellos que sufren sin poder unir su dolor a Cristo, porque no lo conocen: que, por intercesión de San Pablo, sigan surgiendo evangelizadores que les lleven la Buena Nueva de salvación y la esperanza en una vida mejor. Oremos.
  4. Por los que este día nos hemos congregado para celebrar la fiesta de la Conversión de San Pablo: que podamos también sentir que el llamado a evangelizar es para nosotros y podamos ser testigos, como Pablo, de Cristo Jesús ante el mundo. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Es el momento de pasar al altar y llevar nuestras ofrendas de Pan y Vino. También ofrecemos nuestro compromiso para el anuncio del Evangelio.

Comunión

El mismo Cristo que se le presentó a San Pablo, es el que se nos presenta ahora en la Eucaristía. Acerquémonos con respeto y devoción a comulgar.

Final

El anuncio del Evangelio fue un compromiso que asumió muy bien San Pablo. En nuestros tiempos hay mucha necesidad de continuar esa misión y corresponde a cada uno de nosotros llevarla a cabo. Con ese compromiso nos retiramos a nuestros hogares.

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Fuente: Aldazábal, José (1999). Enséñame tus caminos 7 Los Santos con Lecturas Propias, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona

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