sábado, febrero 24, 2024
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Los siete pecados capitales y las virtudes para vencerlos.

¿Qué son los pecados capitales?

Los pecados capitales son aquellos que generan otros pecados. No son llamados así por su magnitud o porque merezcan la pena capital, sino por ser origen o cabeza («caput», «capitis») de otros pecados o vicios.

De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”.

Fue en el ámbito monástico donde surgió la idea de crear una lista de los pecados capitales. El monje Evagrio Póntico, en el siglo IV, inicialmente los clasificó en ocho categorías, recogidas también por otros monjes, hasta que el papa Gregorio Magno (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), en el siglo VI, los redujo a los siete actuales.

El catecismo de la Iglesia (n.1866) nos dice: «Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano (Conlatio, 5, 2) y a san Gregorio Magno (Moralia in Job, 31, 45, 87). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.

Esa misma lista hace Santo Tomás (I-II:84:4) y San Buenaventura (Brevil., III,ix).

Jesús echó siete demonios de María Magdalena (Mc. 16,9). Naamán se lavó siete veces en el Río Jordán y fue totalmente curado (2 Re 5, 10). De igual manera, nosotros queremos ser liberados de estar libres de esos pecados capitales y ser lavados siete veces para purificar nuestros corazones. Para conseguirlo, debemos conocer de qué se trata y ver cuáles son las armas que usaremos para poder resistir a esas tentaciones.

Cada pecado capital tiene una virtud con la que podemos vencerlos. Conozcamos a profundidad cada pecado (vicio) y su virtud opuesta.

1. Soberbia

«Es un amor desmedido por la excelencia propia, bien sea de cuerpo o de mente, o el placer ilícito que se deriva de pensar que no tenemos superiores». 1

Consiste en una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios (Catecismo Iglesia Católica 1866)

También te puede interesar: La soberbia, pecado capital

Virtud para vencerlo: La Humildad

La humildad es la virtud moral la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Que todo, absolutamente todo lo que tenemos es un don de Dios, por lo que a Él debemos toda la gloria.

«La humildad es una virtud derivada de la templanza que nos inclina a cohibir el desordenado apetito de la propia excelencia, dándonos el justo conocimiento de nuestra pequeñez y miseria principalmente con relación a Dios.» 2

Reduce a sus debidos limites para que no pretenda ser más de lo que es según la regla de la razón.

La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad.

Para más detalles sobre este pecado, haga clic AQUI.

2. La Avaricia

Inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. Es uno de los pecados capitales, está prohibido por el noveno y décimo mandamiento. (CEC 2514, 2534)

Es un amor desmedido por las cosas de este mundo, que se vuelve exagerado si su impulso no es un fin justificable. Incluya tanto la intención que se tiene en adquirir los bienes de este mundo, como la manera de adquirirlos.

La avaricia no está marcada por la cantidad de bienes materiales que se posean, sino por el amor desmedido hacia esos bienes. Puede ser tan avaro un millonario como un pobre que solo posea unos cuantos dólares.

Virtud para vencerlo: Generosidad

Para vencer ese amor desmedido por los bienes materiales, debemos practicar la virtud de la generosidad, que nos conduce a dar y darnos a los demás de una manera habitual, firme y decidida, buscando su bien y poniendo a su servicio lo mejor de nosotros mismos, tanto bienes materiales como cualidades y talentos

3. La Lujuria

La lujuria es un amor desmesurado por los placeres de la carne. Es un deseo desordenado por el placer sexual, sin ajustarlo al propósito divino, que es propiciar el amor mutuo de entre los esposos y favorecer la procreación.

El placer sexual en el acto marital se vuelve pecaminoso cuando, en vez de ser usado como un medio, se vuelve un fin.

Es un pecado contra el Sexto Mandamiento y es una ofensa contra la virtud de la castidad.

Virtud para vencerlo: Castidad

Es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de integrarla en una sana personalidad, en la que el amor de Dios reina sobre todo.

4. La Ira

El sentido emocional de desagrado y, generalmente, antagonismo, suscitado por un daño real o aparente. La ira puede llegar a ser pasional cuando las emociones se excitan fuertemente.

Es la pasión del ser humano que tiene raíces profundas en su naturaleza racional, es el frenesí del furor que se siente cuando alguien nos ha lastimado… o creemos que lo ha hecho.

No toda ira es pecaminosa, pues existe la ira justa, como la que sintió Jesús cuando limpió el templo (Jn 2, 13-16). Pero la ira, como pecado capital, es aquella injusta, e decir, aquella que no tiene una causa legítima: que es excesiva, vengativa y duradera.

Virtud para vencerlo: Paciencia

Sufrir con paz y serenidad todas las adversidades.

«Si buscas un ejemplo de paciencia encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo en la cruz sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión «no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca» (Hch 8,32). Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: «Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia» (Heb 12,2). -Santo Tomás de Aquino. Exposición sobre el Credo.

5. La Gula

Es el deseo desordenado por el placer conectado con la comida o la bebida. Este deseo puede ser pecaminoso de varias formas:
1- Comer o beber muy en exceso de lo que el cuerpo necesita.
2- Cortejar el gusto por cierta clase de comida a sabiendas que va en detrimento de la salud.
3- Consentir el apetito por comidas o bebidas costosas, especialmente cuando una dieta lujosa está fuera del alcance económico
4- Comer o beber vorazmente dándole mas atención a la comida que a los que nos acompañan.
5- Consumir bebidas alcohólicas hasta el punto de perder control total de la razón. La intoxicación injustificada que termina en una completa pérdida de la razón es un pecado mortal.

Virtud a vencer: Templanza

Moderación en el comer y en el beber. Es una de las virtudes. Vence al pecado capital de gula.

La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por aficción inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables (CIC 2290).

6. La Envidia

Rencor o tristeza por la buena fortuna de alguien, junto con el deseo desordenado de poseerla. Es uno de los siete pecados capitales. Se opone al décimo mandamiento. (CIC 2539)

Virtud a vencer: Caridad

La tercera y principal de las Virtudes Teologales. La caridad es el amor de Dios habitando en el corazón.

7. La Pereza

Falta culpable de esfuerzo físico o espiritual; acedia, ociosidad. Es uno de los pecados capitales. (CIC 1866, 2094, 2733)

Virtud a vencer: Diligencia

Prontitud de ánimo para obrar el bien

Fuentes:

1. Sheen Fulton J., Los Siete Pecados Capitales, Ed. San Pablo, Bogotá, Colombia.

2. Royo Marín, Antonio, Teología de la Perfección Cristiana, BAC, Madrid, 1962

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