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Moniciones y Lecturas 19 de mayo de 2024 – Solemnidad de Pentecostés (Ciclos A, B y C)

Monición de entrada

Queridos hermanos, tengan todos muy buenos días (tardes, noches). Sean todos bienvenidos a la celebración de esta santa misa, en la Solemnidad de Pentecostés, la venidad del Espíritu Santo, con la que se pone en marcha el tiempo de la Iglesia, fundamentalmente dedicado a la predicación del Evangelio.

«Pentecostés», en griego, significa «día quincuagésimo» o «cincuenta días después». El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por siete más uno. Es cuando celebraban, después del Éxodo, la fiesta de la recolección agrícola y la alianza que sellaron con Yahvé en el monte Sinaí, guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.

El Pentecostés cristiano significa el nacimiento oficial de la Iglesia, hoy reunida para celebrar esta gran fiesta, que comenzamos con el canto de entrada. De pie, y cantemos todos.

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Moniciones a las lecturas

Monición única para todas las lecturas

Como culmen de la Pascua se produce el envío del Espíritu Santo en Pentecostés. Y de ello hablan las lecturas que hoy escucharemos. Tanto el evangelio como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, coincidiendo en que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo, por su parte, nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, pero todas ellas son para el bien de la comunidad.

Pongamos atención a la Palabra que se nos proclamará a continuación.

Moniciones para cada lectura

Monición a la primera lectura (Hechos 2, 1-11)

En la mañana de la fiesta judía de Pentecostés y estando los discípulos reunidos en el cenáculo, se cumplieron las promesas. El Espíritu Santo desciende en un hecho insólito y de manera espectacular como se relata en la lectura del libro de los Hechos, que escucharemos a continación. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles: 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban:

—«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿Cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Salmo 103)

Ante la grandeza de la creación reconozcamos que Dios lo ha dispuesto todo con Sabiduría; pero pidamos al mismo tiempo al Señor, con el salmo 103, que no abandone su obra. Hagámoslo diciendo todos:

Salmo responsorial: Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R. Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.

Monición a la segunda lectura (1 Corintios 12, 3b-7. 12-13)

Al ser el Espíritu el origen de los dones individuales, su posesión puede crear tensiones dentro de una comunidad. Tal fue la experiencia de los corintios y por eso san Pablo les ayuda a su discernimiento, con la lectura que escucharemos a continuación.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todo hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.


O bien, en el Ciclo B:

Monición a la Segunda Lectura (Gálatas 5, 16-25)

Pablo les describe a los cristianos de Galacia, actual Turquía, cuáles son las obras que demuestran que seguimos al Espíritu Santo en nuestra vida. Este mensaje es para nosotros ahora.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 16-25

Hermanos:

Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley.

Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios.

En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios.

O bien, en el Ciclo C:

Monición a la segunda lectura (Romanos 8, 8-17)

Escribiendo esta vez a los cristianos de Roma, Pablo subraya, en una página muy densa de contenido, cuáles son las consecuencias de que un cristiano esté lleno de Espíritu: tiene que vivir conforme a ese Espíritu y no conforme a la carne, o sea, a los criterios humanos; porque nos hace Hijos, herederos, coherederos y, por tanto, personas que viven conforme al Espíritu.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-17

Hermanos:

Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Así pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.


Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Monición al Evangelio (Juan 20, 19-23)

En el día de Pascua, después del saludo de paz, que llena de alegría al grupo de discípulos, en quienes está representada toda la Iglesia, Jesús les envía, como Él había sido enviado por el Padre, y para que puedan cumplir esta misión les da su mejor ayuda: les comunica su Espíritu.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

—«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

—«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo».

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

—«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor.


O bien, en el Ciclo B:

Monición al Evangelio (Juan 15, 26-27; 16, 12-15)

Mucho tiempo antes de su partida a los cielos, Jesús ya había hecho la promesa del envío del Espíritu Santo. Hoy Juan nos explica parte de las funciones que ese Espíritu realiza en nosotros.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26-27; 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Cuando venga el Defensor,
que os enviaré desde el Padre,
el Espíritu de la verdad, que procede del Padre,
él dará testimonio de mí;
y también vosotros daréis testimonio,
porque desde el principio estáis conmigo.

Muchas cosas me quedan por deciros,
pero no podéis cargar con ellas por ahora;
cuando venga él, el Espíritu de la verdad,
os guiará hasta la verdad plena.
Pues lo que hable no será suyo:
hablará de lo que oye
y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará,
porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío.
Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra del Señor.

O bien, en el Ciclo C:

Monición al Evangelio (Juan 14, 15-16. 23b-26)

El Señor, en la última Cena, promete el don del Espíritu, que envió desde el Padre, después de su resurrección. El Espíritu Santo, nuestro defensor, estará siempre con nosotros.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-16. 23b-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros.

El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

Queridos hermanos, invoquemos con fe a Dios Padre, para que nunca falte al mundo el don de su Espíritu Santo, diciendo juntos:

Padre, concédenos tu Santo Espíritu.

1. Por la Iglesia, comunidad de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, para que el fuego del Espíritu la haga signo tangible de la presencia del Señor entre los hombres, lugar visible de su amor, instrumento eficaz de su salvación.

2. Por el Santo Padre Francisco, los obispos, los sacerdotes y diáconos, para que el Espíritu de fortaleza y de ciencia los haga guías iluminados y maestros auténticos de la verdad del Evangelio para el pueblo de Dios, peregrino por este mundo. Oremos.

3. Por nuestros gobernantes, para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo de sabiduría, su mente y conciencia sean iluminadas y así busquen el diálogo para solucionar las diferencias políticas y sociales, luchando por la unidad de nuestros pueblos. Oremos.

4. Por los que sufren, por los que están solos y abandonados, para que el Espíritu consolador visite sus corazones, para que la caricia de la presencia de Dios en todos coraje, fuerza y esperanza. Oremos.

5. Por nosotros, para que el soplo del Espíritu traiga novedad a nuestra vida y nos dejemos modelar y guiar por Él. Oremos.

Presentación de las ofrendas

Estamos celebrando la venida del Espíritu Santo, ahora, junto al pan y el vino, frezcamos también a Dios los frutos que ese Espíritu está produciendo en nuestros corazones. Cantemos

Comunión

Dios nunca nos ha dejado solos. Nos envió su Espíritu Santo y ahora, Cristo se hace presente en el Pan y el Vino consagrados, para ser nuestro alimento. Acerquémonos con devoción a comulgar.

Final

Dios ya nos ha dado su Espíritu Santo. Vayamos ahora a vivir conforme a sus inspiraciones, dejándonos moldear por Él y contagiando con su presencia a quienes nos rodean.

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Redacción Central de Cristomanía Católica

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