Monición de entrada
Queridos hermanos, en el jueves eucarístico nos complace recibirles en la casa de Dios para esta celebración tan especial en la que adoramos a Jesús sacramentado y oramos por nuestros sacerdotes.
Todos estamos aquí porque queremos un día llegar a la patria celestial. Hoy Jesús nos muestra algunas condiciones para entrar al Reino de Dios.
Atentos a las enseñanzas que Dios quiere transmitirnos, comencemos esta misa con el canto de entrada.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (2 Reyes 24, 8-17)
El texto de la primera lectura, del primer libro de los Reyes, es una de las páginas más trágicas de la historia para Jerusalén y el pueblo judío. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Reyes 24, 8-17
Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén.
Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén.
Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.
En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada.
Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios.
El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado.
Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor.
Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos —diez mil deportados—, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe.
Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia.
Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos —siete mil deportados—, los herreros y cerrajeros— mil deportados—, todos aptos para la guerra.
En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo 78)
El salmo 78 expresa bien la catástrofe que supuso todo lo que ya escuchamos en la primera lectura, con la profanación y el pillaje del Templo. Unámonos al salmista diciendo todos:
Salmo responsorial: Salmo 78, 1-2. 3-5. 8. 9
R. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra. R.
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R.
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R.
Monición al Evangelio (Mateo 7, 21-29)
El evangelio de este día concluye el discurso del monte, que venimos leyendo desde el lunes de la décima semana. Hoy señala Jesús una condición indispensable para entrar en el Reino.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día muchos dirán:
«Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?».
Yo entonces les declararé:
«Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados».
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente».
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: Escuchar la Palabra del Señor y ponerla en práctica es garantía de estabilidad y alegría. Contentos por la abundancia de tal don, digamos juntos:
Señor, que tu Palabra sea lámpara para nuestros pasos.
- Por la Iglesia: que en la santidad de vida de sus miembros sepa ser invitación a la bienaventuranza prometida por Cristo a quienes es cuchan su Palabra y la viven cada día. Oremos.
- Por los cristianos que viven en la persecución: que no se desanimen frente a la prueba y no renuncien a vivir el Evangelio con coherencia, sino que, sabiendo que el fundamento de su fe es la Palabra estable de Cristo, perseveren con coraje dando testimonio de la alegría de saberse hijos de Dios. Oremos.
- Por los que confían en magos, adivinos, horóscopos: que no se dejen engañar por palabras falsas y seductoras, sino que construyan su futuro sobre la única roca estable que es el Evangelio. Oremos.
- Por nuestros queridos difuntos: que puedan ser reconocidos por d Señor como discípulos suyos y acogidos en la casa del Padre para contemplar eternamente su rostro. Oremos.
Presidente: Padre, haz que en medio de las dificultades de este mundo nada pueda abatirnos y que, caminando por las vías del Evangelio, podamos llegar a la salvación. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
Presentación de las Ofrendas
Dando gracias al Señor porque es bueno, porque hace producir la tierra y hace fructifico el trabajo del hombre, llevamos al altar nuestros dones de vino y pan.
Comunión.
«No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, nos ha dicho Jesús en el Evangelio de hoy. Si estamos cumpliendo su Palabra, acerquémonos a recibirle en la comunión.
Final
Queridos hermanos, Amar a Dios amando a los hermanos es el cuadro completo de la voluntad divina sobre cada uno de nosotros, que queremos construir sólidamente sobre la roca y piedra angular que es Cristo. Vayamos a hacer vida la Palabra escuchada.
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 4, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia; Farnés Sherer, Pedro, Moniciones y Oraciones Sálmicas, Ed. Regina, Mallorca, 1978.





