Monición de entrada
Queridos hermanos, sean bienvenidos a la celebración de esta santa misa, en el sábado de la decimosegunda semana del tiempo ordinario.
Como todos los sábados, también recordamos a nuestra Madre Santísima, la Virgen María. Hoy alabamos a Dios con ella, por todas las maravillas que hace en nuestra vida.
Por eso comencemos, agradecidos, entonando jubilosos el canto de entrada. De pie, por favor.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19)
PRIMERA LECTURA
Lectura de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19
El Señor destruyó sin compasión
todas las moradas de Jacob,
con su indignación demolió
las plazas fuertes de Judá;
derribó por tierra, deshonrados,
al rey y a los príncipes.
Los ancianos de Sión se sientan
en el suelo silenciosos,
se echan polvo en la cabeza
y se visten de sayal;
las doncellas de Jerusalén
humillan hasta el suelo la cabeza.
Se consumen en lágrimas mis ojos,
de amargura mis entrañas;
se derrama por tierra mi hiel,
por la ruina de la capital de mi pueblo;
muchachos y niños de pecho desfallecen
por las calles de la ciudad.
Preguntaban a sus madres:
«¿Dónde hay pan y vino?»,
mientras desfallecían, como los heridos,
por las calles de la ciudad,
mientras expiraban
en brazos de sus madres.
¿Quién se te iguala, quién se te asemeja,
ciudad de Jerusalén?
¿A quién te compararé, para consolarte,
Sión, la doncella?
Inmensa como el mar es tu desgracia:
¿quién podrá curarte?
Tus profetas te ofrecían visiones
falsas y engañosas;
y no te denunciaban tus culpas
para cambiar tu suerte,
sino que te anunciaban visiones
falsas y seductoras.
Grita con toda el alma al Señor,
laméntate, Sión;
derrama torrentes de lágrimas,
de día y de noche;
no te concedas reposo,
no descansen tus ojos.
Levántate y grita de noche,
al relevo de la guardia;
derrama como agua tu corazón
en presencia del Señor;
levanta hacia él las manos
por la vida de tus niños,
desfallecidos de hambre
en las encrucijadas.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo 73)
Grande es la aflicción de Sión. Y desde esa aflicción surge la lamentación del salmo 73, elevando una súplica confiada a Dios para que se acuerde de su alianza. Unámonos también nosotros a esa oración, diciendo todos:
Salmo responsorial: Salmo 73, 1-2. 3-5a. 5b-7. 20-21
R. No olvides sin remedio la vida de tus pobres.
¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu morada. R.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R.
En la entrada superior
abatieron a hachazos el entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R.
Monición al Evangelio (Mateo 8, 5-17)
Ayer leíamos la curación del leproso, cuando Jesús bajaba del monte del sermón. Hoy escuchamos dos milagros más, que nos demuestran que para Dios no hay nada imposible.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-17
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
—«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Jesús le contestó:
—«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
—«Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
—«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y al centurión le dijo:
—«Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías:
«Él tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: Como el centurión, tampoco nosotros somos dignos de acoger al Señor, pero, necesitados de su ayuda, podemos ser sanados por una sola de sus palabras. Digamos juntos:
Que tu Palabra nos salve, Señor.
- Por todos los bautizados: que, como el centurión, sepamos cuidar a nuestros hermanos y que, los unos por los otros, imploremos del Señor la curación para todos. Oremos.
- Por los que viven alejados de Dios: que una búsqueda sincera los lleve a descubrir el amor y la misericordia del Padre, y que a través del testimonio de los hermanos, se abran al encuentro con la Palabra que salva. Oremos.
- Por las víctimas de accidentes en el trabajo: que confíen en el Señor que ha tomado sobre si todas las enfermedades, y que en Él encuentren el coraje de afrontar con esperanza todo dolor. Oremos.
- Por los sindicalistas: que defiendan rectamente los derechos de los trabajadores y que luchen por que el trabajo no sea considerado so lamente como oportunidad productiva, sino como expresión de la dignidad humana. Oremos.
Presidente: Escucha, Señor, nuestras oraciones y atiéndelas generosamente, en la medida en que sean conformes a tu voluntad. Tú eres Dios y vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Presentación de las Ofrendas
Proclamando la grandeza del Señor, llevemos al altar nuestras ofrendas de pan y vino.
Comunión.
Hermanos, de poco nos serviría repetir las palabras del centurión en cada eucaristía antes de comulgar si no copiamos su disposición anímica: fe impregnada de humildad. Con la humildad de saber lo que somos y que vamos a recibir nada más ni menos que al mismo Dios, vayamos a comulgar.
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 4, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia; Farnés Sherer, Pedro, Moniciones y Oraciones Sálmicas, Ed. Regina, Mallorca, 1978.





