Monición de entrada
Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. Nos da mucha alegría tenerles aquí, en la casa de Dios, para que celebremos juntos la santa misa, en el martes de la vigésima semana del tiempo ordinario.
Dejando todo, nos congregamos para celebrar nuestra fe y dejarnos instruir por la Palabra que escucharemos. Dispongámonos a ello y comencemos entonando todos el canto de entrada.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (Ezequiel 28, 1-10)
En la primera lectura de hoy escucharemos un oráculo del profeta contra uno de los reyezuelos que tenían la culpa de la desgracia de Israel: el rey de Tiro. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Ezequiel 28, 1-10
Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro:
«Así dice el Señor:
Se hinchó tu corazón,
y dijiste: ‘Soy Dios,
entronizado en solio de dioses
en el corazón del mar’,
tú que eres hombre y no dios;
te creías listo como los dioses.
¡Si eres más sabio que Daniel!;
ningún enigma se te resiste.
Con tu talento, con tu habilidad,
te hiciste una fortuna;
acumulaste oro y plata
en tus tesoros.
Con agudo talento de mercader
ibas acrecentando tu fortuna,
y tu fortuna te llenó de presunción.
Por eso, así dice el Señor:
Por haberte creído sabio como los dioses,
por eso traigo contra ti
bárbaros pueblos feroces;
desenvainarán la espada
contra tu belleza y tu sabiduría,
profanando tu esplendor.
Te hundirán en la fosa,
morirás con muerte ignominiosa
en el corazón del mar.
Tú, que eres hombre y no dios,
¿osarás decir: ‘Soy Dios’,
delante de tus asesinos,
en poder de los que te apuñalen?
Morirás con muerte de incircunciso,
a manos de bárbaros.
Yo lo he dicho»».
Oráculo del Señor.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Deuteronomio 32, 26-27)
El oráculo contra el rey de Tiro ha sido una confesión: Dios derriba del trono a los poderosos. Cuando el hombre intenta hacerse como Dios recibe de él la tremenda lección de su realidad. Con el salmista digamos todos:
Interleccional: Deuteronomio 32, 26-27ab. 27cd-28a. 30. 35cd-36ab
R. Yo doy la muerte y la vida.
Yo pensaba: «Voy a dispersarlos
y a borrar su memoria entre los hombres».
Pero no; que temo la jactancia del enemigo
y la mala interpretación del adversario. R.
Que diría: «Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien lo ha hecho».
Porque son una nación que ha perdido el juicio. R.
¿Cómo es que uno persigue a mil,
y dos ponen en fuga a diez mil?
¿No es porque su Roca los ha vendido,
porque el Señor los ha entregado? R.
El día de su perdición se acerca,
y su suerte se apresura.
Porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos. R.
Monición al Evangelio (Mateo 19, 23-30)
Usando un proverbio popular de su época, Jesús da a sus oyentes una catequesis sobre las riquezas. Cantemos el aleluya para escuchar el texto del Evangelio de San Mateo.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
—«Entonces, ¿Quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
—«Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo».
Entonces le dijo Pedro:
—«Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿Qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
—«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: A Dios, para quien todo es posible, pidamos con fe:
Señor, haz nuestro corazón semejante al tuyo.
- Por los cristianos que son llamados a ser en el mundo testimonio de la pobreza evangélica: que el Espíritu Santo les conceda el coraje de vivir concretamente lo esencial, viendo la riqueza material como un medio y no como un fin en sí mismo. Oremos.
- Por el Santo Padre y todo el clero: para que, en coherencia con la pobreza que los evangelios muchas veces presentan como valor esencial, lleven un estilo de vida libre del lujo y de lo superfluo. Oremos.
- Por los consagrados que, en el nombre de Jesús, han dejado toda riqueza y oportunidad en el mundo. Para que puedan alcanzar el ciento por uno prometido por el Señor, que nunca se deja ganar en generosidad. Oremos.
- Por todas las personas que viven la pobreza con disgusto, frustración y rabia. Para que sean tocados por la gracia del Espiritu Santo que ilumina las mentes y los corazones y los hace capaces de aceptar con docilidad las adversidades y las precariedades de la vida. Oremos.
Presidente: Padre bueno, te bendecimos porque al que tiene el corazón libre le pro- meres que se alegrará y gozará de ti en tu Reino. Haz que aprendamos a vivir con gratitud nuestra pobreza. Por Cristo nuestro Señor -Amén.
Presentación de las Ofrendas
«El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto», nos ha dicho el salmo. De ese fruto de la tierra llevamos al altar nuestras ofrendas de pan y vino.
Comunión.
Nuestra mayor riqueza consistirá en la vida eterna, y Jesús nos la ofrece al comer su cuerpo y beber su sangre. Acudamos con fe a comulgar.
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 5, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia





