InicioLuturgiaMoniciones EspecialesMoniciones y Lecturas Natividad del Señor Misa del día

Moniciones y Lecturas Natividad del Señor Misa del día

Monición de entrada 

Feliz Navidad queridos hermanos!. Este día estamos de fiesta porque las profecías del Antiguo Testamente se han hecho realidad y Jesús, el Verbo, se ha hecho carne y habitó entre nosotros. En Cristo las promesas se vuelven vivas y, con la liturgia de hoy, comprendemos que la Palaba de Dios no es una doctrina, sino una persona: Cristo Jesús.

Con ese gozo nos disponemos a celebrar dignamente esta Santa Misa, de pie, cantando jubilosos el canto de entrada… 

Moniciones a las lecturas 

Opción 1: Monición única para todas las lecturas

El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Lo que para el Antiguo testamento era una profecía, una victoria anunciada por la primera lectura, en el Nuevo testamento se vuelve una realidad, porque Dios nos ha hablado por medio de su Hijo, como lo dice San Pablo, el Verbo que se hizo Carne y habitó entre nosotros, como lo atestigua el Evangelio de San Juan. Por eso cantamos con el salmista la victoria de nuestro Dios. Con gozo y atención escuchemos estas lecturas.

Opción 2: Moniciones para cada lectura

Monición a la primera lectura (Isaías 52, 7-10)

El profeta, probablemente el segundo Isaías, nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión, «consuela a su pueblo y rescata a Jerusalén». La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la encarnación del Hijo de Dios.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz,

que trae la Buena Nueva,
que pregona la victoria,
que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!

Escucha: tus vigías gritan,
cantan a coro,

porque ven cara a cara al Señor,
que vuelve a Sión.

Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,

que el Señor consuela a su pueblo,
rescata a Jerusalén;

el Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,

y verán los confines de la tierra la
victoria de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

Moniciones salmo responsorial (Salmo 97)

También el salmo 97 nos hace cantar sentimientos de alegría y victoria. Por eso nos unimos al salmista diciendo:

Salmo responsorial: Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R.: 3c)

R. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios
.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Monición a la segunda lectura (Hebreos 1, 1-6)

La carta a los Hebreos nos recuerda que Dios sigue hablándonos, y hoy, ya no por medio de los profetas, sino por medio de su Hijo, cuyo nacimiento contemplamos y recordamos en estas navidades.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas.

Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»?

Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio (Juan 1, 1-18)

El prólogo del Evangelio de San Juan nos afirma la pre-existencia del Verbo en el seno de Dios como el «Logos», que se hizo carne y habitó entre nosotros, a quienes hoy nos invita a recibirle para darnos el mejor don que podemos recibir: «ser hijos de Dios».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.

Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:

éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz,
sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino, y en el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.

Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,

ni de amor humano,
sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:

gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él
y grita diciendo:

—«Éste es de quien dije:

«El que viene detrás de mí
pasa delante de mí,
porque existía antes que yo»».

Pues de su plenitud
todos hemos recibido,
gracia tras gracia.

Porque la Ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás:
Dios Hijo único, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Como los pastores de Belén, también nosotros nos presentamos hoy ante Cristo para manifestarle con humildad nuestras necesidades.

Con confianza digamos:

«Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, escucha nuestra oración»

  1. Oremos por la Iglesia, por todos y cada uno de los cristianos. Que la alegría por el nacimiento del Salvador llene de fe y esperanza el corazón de los discípulos de Jesús. Roguemos al Señor. 
  2. Oremos por el Papa Francisco y todos los sacerdotes. Que, iluminados por la luz verdadera, sepan orientar hacia Cristo los pasos del pueblo que les ha sido confiado. Roguemos al Señor.
  3. Oremos por quienes gobiernan las naciones. Que el Príncipe de la Paz ilumine la mente y el corazón de los poderosos para que trabajen por la paz y el bienestar de todos los ciudadanos. Roguemos al Señor.
  4. Oremos por los que viven estas fiestas navideñas en las cárceles, en los hospitales o en la pobreza. Que encuentren consuelo y acogida en hombres de buena voluntad, y que la luz del Verbo pueda así brillar en sus corazones tristes y solitarios. Roguemos al Señor.
  5. Oremos todos nosotros, reunidos para celebrar la Navidad. Que la conciencia del gran don del Dios-con-nosotros nos haga cada vez más capaces de reconocer su paso por nuestra vida y ser testigos alegres de su amor para los que encontramos a diario. Roguemos al Señor.

Presentación de las Ofrendas

Presentemos al Señor las ofrendas de Pan y Vino, con nuestros agradecimientos a nuestro Padre Celestial por el Hijo que hoy ha nacido para nuestra salvación.

Comunión

«Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros», nos ha dicho hoy el Evangelio de San Juan. Dejemos que Jesús acampe en nuestros corazones, recibiéndole en la Santa Comunión. Cantemos todos.

Final

La gran noticia del nacimiento de Jesús debe correr por todo el mundo. Con nuestra vida vayamos a anunciar que Cristo ha nacido en el corazón de cada uno de nosotros.

Cristomanía Católicahttps://cristomaniacatolica.com
Redacción Central de Cristomanía Católica

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Más popular

Don de Temor de Dios

Don de Piedad

Don de Ciencia

Comentarios recientes