Monición de entrada
Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. En el jueves de la trigésima semana del tiempo ordinario, jueves eucarístico, nos alegra tenerles aquí, en la casa de Dios, para una celebración tan especial.
Todos, y de diferentes maneras, hemos sido testigos de la misericordia de Dios. Agradecidos por eso, nos unimos en esta celebración, participando activamente.
Iniciamos con el canto de entrada. De pie y cantemos todos.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (Romanos 14 ,7-12)
En una comunidad, como la de los romanos, y la nuestra, hay diversidad de opiniones y a veces juicios innecesarios contra los demás. Ante esa realidad, san Pablo llama a la tolerancia. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14 ,7-12
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano?
Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, porque está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor,
ante mí se doblará toda rodilla,
a mí me alabará toda lengua».
Por eso, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo 26)
La resurrección de Jesucristo es el motivo más fuerte de nuestra esperanza. Es la seguridad de que nuestra vocación es la vida. Y es, al mismo tiempo, fuerza, cuando el peregrinar es duro y difícil. Sostenidos por la esperanza, caminemos confiados y digamos todos:
Salmo responsorial: Salmo 26, 1. 4. 13-14
R. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.
Monición al Evangelio (Lucas 15, 1-10)
El evangelio de hoy contiene dos parábolas parábolas de la misericordia de Dios, que resalta el gozo y la alegría de recuperar lo que estaba perdido, gracias a la salvación de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
—«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
—«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
«¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido».
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles
«¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido».
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: En Jesús se ha manifestado la misericordia de Dios que va en busca de quien se ha perdido y sana a todo enfermo. Agradecidos por el don de un amor tan grande, pidamos que podamos participar de la gracia de su perdón. Digamos juntos:
Conviértenos a ti, Señor.
- Por la Iglesia, para que lleve a todos los hombres el anuncio de alegría de la misericordia de Dios que busca a todos incansablemente y quiere atraerlos a sí. Oremos.
- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y todos los consagrados, para que sean signo y testimonio del amor de Dios, que vayan siempre en busca de quien está más alejado, confundido y herido, para volverlo a conducir a la casa del Padre y vivir la alegría de su fiesta. Oremos.
- Por los que no conocen el Señor y vagan lejos de su amor, para que se dejen encontrar, vuelvan alegres a su casa y reciban la ternura de su abrazo. Oremos.
- Por todos los que sufren marginación social, para que se sientan acogidos por Dios, especialmente por la comunidad de cristianos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que vivamos con profunda gratitud por lo que el Señor obra en nuestra vida y por la manera como continua- mente su misericordia nos regenera. Oremos.
Presidente: Señor Dios, que continuamente nos buscas y sales a encontramos allí donde nos hemos extraviado, haz que volvamos a la casa de tu amor, para vivir la fiesta de tu perdón. Por Cristo nuestro Señor. -Amén.
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 4, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia; Farnés Sherer, Pedro, Moniciones y Oraciones Sálmicas, Ed. Regina, Mallorca, 1978.