Monición de entrada
Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. En el miércoles de las vigésimo octava semana del tiempo ordinario, les damos la más cordial bienvenida a la celebración de la santa misa, en la que también recordamos a Santa Teresa de Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia.
Que la presencia de Dios, tanto en su Palabra, como en la Eucaristía, transforme nuestra vida.
Iniciemos nuestra celebración con el canto de entrada.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (Romanos 2, 1-11)
Ayer desautorizaba san Pablo a los paganos por no haber llegado al conocimiento de Dios, a pesar de que sus huellas están claras en la creación de este mundo. Hoy se dirige a los judíos, quienes no han sabido estar a la altura de su elección y misión en el mundo. Escuchemos..
PRIMERA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 2, 1-11
Tú, el que seas, que te eriges en juez, no tienes disculpa; al dar sentencia contra el otro te condenas tú mismo, porque tú, el juez, te portas igual.
Todos admitimos que Dios condena con derecho a los que obran mal, a los que obran de esa manera.
Y tú, que juzgas a los que hacen eso, mientras tú haces lo mismo, ¿te figuras que vas a escapar de la sentencia de Dios? ¿O es que desprecias el tesoro de su bondad, tolerancia y paciencia, al no reconocer que esa bondad es para empujarte a la conversión?
Con la dureza de tu corazón impenitente te estás almacenando castigos para el día del castigo, cuando se revelará el justo juicio de Dios, pagando a cada uno según sus obras.
A los que han perseverado en hacer el bien, porque buscaban contemplar su gloria y superar la muerte, les dará vida eterna; a los porfiados que se rebelan contra la verdad y se rinden a la injusticia, les dará un castigo implacable.
Pena y angustia tocarán a todo malhechor, primero al judío, pero también al griego; en cambio, gloria, honor y paz a todo el que obre el bien, primero al judío, pero también al griego; porque Dios no tiene favoritismos.
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo 61)
A la palabra de Dios que nos anuncia el justo juicio de Dios, pagando a cada uno según sus obras, respondemos con una oración de confianza. Con el salmo 61, busquemos nuestro apoyo en el Señor y digamos todos:
Salmo responsorial: Salmo 61, 2-3. 6-7. 9
R. Tú, Señor, pagas a cada uno según sus obras.
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio. R.
Monición al Evangelio (Lucas 11, 42-46)
En las frecuentes controversias evangélicas de Jesús con los responsables judíos, son éstos los que suelen empezar acusando a Cristo. Pero en el texto que escucharemos hoy, del Evangelio de san Lucas, es él quien toma la iniciativa y condena en primer lugar a los fariseos por tres veces, y seguidamente a los legistas o escribas.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor:
—«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
Esto habría que practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!».
Un maestro de la Ley intervino y le dijo:
—«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».
Jesús replicó:
—«¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: El Señor quiere que nuestra vida sea coherente con lo que decimos creer y que no escondamos nuestras infidelidades, sino que vivamos con profunda rectitud ante Él y ante los hermanos. Conscientes de nuestra incapacidad, con humilde confianza invoquemos su ayuda y digamos:
Señor, sálvanos.
- Por todos los que formamos la Iglesia, para que llevemos con amor el dulce yugo de los mandamientos del Señor, testimoniando con su vida resucitada la belleza de la obediencia a la ley de Dios. Oremos.
- Por todos los pastores y los ministros de la Iglesia, para que guíen con amor al pueblo de Dios y lo edifiquen con el ejemplo y el testimonio, viviendo primero lo que predican. Oremos.
- Por todas las familias, para que sean lugar de amor, de comunión, de crecimiento armonioso y bello, lugar donde cada hombre regenerado a la vida es cuidado y amado, donde enfrentan juntos las dificultades. Oremos.
- Por todos nosotros aquí presentes, para que sepamos ofrecer a Dios un corazón puro, libre de todo compromiso con el pecado, sanado por el don de su misericordia. Oremos.
Presidente: Señor, tú conoces nuestro corazón y nuestra malicia: libranos de todo mal y sana la profundidad de nuestra alma, para que nos restituyas a la inocencia en la que nos has creado. Tú eres Dios y vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 4, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia.





