Monición de entrada
Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. En el jueves eucarístico nos complace recibirles en la casa de Dios para celebrar juntos la santa misa diaria.
Dios es quien dirige la historia de cada uno de nosotros y hace que todo redunde en bendición. Otorguémosle el control absoluto de nuestra vida y comencemos esta santa misa con el canto de entrada.
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Moniciones a las lecturas
Monición a la primera lectura (Oseas 11, 1-4. 8c-9)
La página de Oseas, que leemos hoy como primera lectura, es un hermoso canto al amor que Dios tiene a su pueblo. Escuchemos atentos.
PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Oseas 11, 1-4. 8c-9
Así dice el Señor:
«Cuando Israel era joven, lo amé,
desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando lo llamaba, él se alejaba,
sacrificaba a los Baales,
ofrecía incienso a los ídolos.
Yo enseñé a andar a Efraín,
lo alzaba en brazos;
y él no comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas,
con correas de amor lo atraía;
era para ellos como el que levanta
el yugo de la cerviz,
me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón,
se me conmueven las entrañas.
No cederé al ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín;
que soy Dios, y no hombre;
santo en medio de ti,
y no enemigo a la puerta».
Palabra de Dios.
Monición al salmo responsorial (Salmo 79)
La primera lectura nos impulsa de una gran confianza suplicante, que manifestamos con el salmo 79, diciendo todos:
Salmo responsorial: Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16
R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R.
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R.
Monición al Evangelio (Mateo 10, 7-15)
En el Evangelio de hoy, Jesús da a sus apóstoles unas consignas para que cumplan su misión siguiendo su estilo. Cantemos el aleluya para luego escuchar este mensaje que se dirige hoy a todos nosotros, miembros de la Iglesia «apostólica» y «misionera».
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.
No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies.
Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo».
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
Presidente: Invoquemos al Señor para que podamos experimentar su misericordia y su compasión. Digamos juntos:
Muéstranos, oh Dios, el camino de la salvación.
- Por la santa Iglesia: que desarrolle su misión con gratuidad de espíritu confiando en la Providencia divina que conoce las necesidades de cada uno de sus miembros. Oremos.
- Por los que dependen de sustancias estupefacientes y, en general, por todos los que evaden de algún modo la realidad: que el Señor pueda abrir sus ojos y hacerles ver con cuanto amor y ternura los ha acompañado en el curso de su vida. Oremos.
- Por las mujeres víctimas de violencia: que en la protección y en el cuidado de las comunidades cristianas puedan encontrar el rostro de Dios que viene, visita y reconstruye lo que ha sido devastado. Oremos.
- Por todos nosotros aquí reunidos: que el Señor nos conceda agudeza de espíritu para tener capacidad de discernimiento e infunda en nosotros la flexibilidad en la verdad necesaria para relacionarnos con las situaciones de la vida. Oremos.
Presidente: Escucha, oh Dios, las oraciones que surjan en el momento de la necesidad y guíanos cada día por el camino de Cristo. Él vive y reina por los siglos de los siglos. -Amén.
Presentación de las Ofrendas
«Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis», nos ha dicho Jesús. Llevemos al altar nuestros dones de pan y vino y ofrezcamos también nuestra ofrenda económica.
Comunión.
Cristo, que nos ha elegido para ser misioneros, nos elige también para participar de su banquete. Acerquémonos a participar de él.
Final
Queridos hermanos, el mensaje evangélico de hoy ha sido claro: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca». Vayamos a cumplir nuestra misión.
Comentando las lecturas de hoy.
(Pbro. Miguel A. Soto)
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis
El Evangelio de hoy pone en escena la misión encomendada a sus discípulos:
- Ir a proclamar que el Reino de los Cielos está cerca
- Curar enfermos
- Resucitar muertos
- Limpiar leprosos
- Expulsar demonios
Y estas 5 acciones a realizar tienen un solo precio: GRATIS.
Aquí hay varias reflexiones que se desglosan de esas recomendaciones de Jesús. La predicación del Evangelio va acompañada de signos que manifiestan el poder de aquél que los ha enviado; resucitar muertos, curar enfermos y expulsar demonios son atribuciones de los discípulos de Jesús, tanto de sus contemporáneos como los de nuestros tiempos, eso queda muy claro. Y además de esos signos, hay una misión que tampoco debe ser descuidada: limpiar a los leprosos, es decir, cuidar de los enfermos, tender lazos de amor, protección y atención a aquellos que padecen alguna enfermedad.
Pero hay algo muy interesante, y que es lo que a muchos pasa desapercibido, tanto dentro de nuestra Iglesia Católica, como fuera de la misma: todo es GRATIS. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis, ha pedido Jesús. El don de la curación no lo podemos comprar, y si no tiene precio, tampoco podemos venderlo. El don de la predicación no lo podemos comprar, tampoco podemos hacer negocio con él. El problema es que muchos se han quedado con aquello de que «el obrero merece su salario» y se recetan cuotas por cada «trabajo» realizado por el reino de los cielos. De hecho hay muchos predicadores, si es que se pueden llamar así, en el ambiente protestante, que se hacen millonarios y acumulan riquezas descaradas, vendiendo un Evangelio de la prosperidad, que no se parece en nada al que hemos escuchado hoy. Y no solo fuera de la Iglesia Católica, también dentro de ella hay muchos sacerdotes y laicos que hacen de los dones recibidos gratis (por eso son DONES), un negocio descarado.
Jesús pide a sus discípulos que renuncien a la seguridad que da la posesión de bienes materiales y les marca un estilo de vida que estaba en el límite de la supervivencia, solo lo necesario, no podían llevar ni oro ni plata, ni siquiera en qué depositar monedas. Tampoco podían llevar una bolsa con provisiones ni una túnica de repuesto. Eso es confiar en la providencia de aquel que los envió. Y muchos misioneros católicos saben de qué se trata eso, y lo cumplen al pie de la letra. Pero otros son muy prevenidos y se equipan de todo lo necesario antes de emprender una misión.
Si eres de los que no ha probado esas recomendaciones de Jesús y atreverte a abandonarte a la providencia divina, que se encarga sin duda de lo necesario, porque el obrero tiene derecho a su salario, haz la prueba y verás de lo que te pierdes!
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Fuentes: Caballero, B., La Palabra cada día, Ed San Pablo, Madrid, 1990; Aldazábal, José, Enséñanos tus caminos 5, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1996; Secretariado Nacional de Liturgia, Comentarios Bíblicos al Leccionario del Tiempo Ordinario; Monjas Agustinas de los Cuatro Santos Coronados, Oración de los Fieles Tiempo Ordinario Ciclo Ferial, Ed San Pablo, Bogotá, Colombia





